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(Nuestro amigo Mejuto —apodo cariñoso con el que le veréis
aparecer por estos pagos y en otros de su Galicia natal— no tenía ninguna
foto suya a mano, yo sí…) Decía Sartre
que somos esclavos de nuestra propia libertad. Como he decidido libremente
participar en este taller literario me siento como un esclavo obligado a
escribir un mini currículum. ¿Qué decir, qué explicar, cómo justificar mi
falta total de premios o publicaciones? Sencillo: alguien considera que no
los merezco o soy tan vago que no me molesto en participar. Como tampoco tengo nada
que contar, me siento aún más empequeñecido al lado del resto de los
compañeros. Lo que me lleva a darle más vueltas a la cabeza. ¿Qué hago aquí,
qué sentido tiene esto (lo que hubiera disfrutado Kafka
en mi situación regodeándose en su triste y gris existencia)?... Esto puede parecer un
poco deprimente y, como no, exagerado, pero no se asusten ni tomen opiniones
apresuradas. Nací en el otoño de 1966,
dicen que era una mañana fría, exageradamente fría, por eso mi madre calculó
los pros y los contras y
mis tres hermanos nacieron en verano. Como mayor, responsable y más maduro de
los cuatro, me encargaron la noble tarea de vigilar a mis hermanas en su
adolescencia. Algo debí de hacer mal porque una de ellas quedó embarazada a
los dieciséis años y la otra a los diecinueve. Mis padres comprendieron
entonces que darme responsabilidades era más inútil que intentar hacer un
muñeco de nieve en el infierno y me dejaron a mi libre albedrío. He tenido la suerte de
pisar los cuatro continentes y de conocer otros modos de vida, culturas y
pareceres. Lo que me ha enseñado que esperar a la muerte es más llevadero
después de haber masticado cualquier vicio incontable, siempre, claro está,
que tu estómago mental pueda digerirlo. Ahora sólo espero, no a
la muerte, sino al próximo vicio que me ayude a sobrevivir en este taller sin
sentirme avergonzado. En mi vida me han colocado tantos adjetivos, que
intento recibir elogios e insultos con la misma frialdad que nos acompañó a
mi madre y a mí en la lejana mañana de mi nacimiento. No me extiendo más. Dejo ya de
aburrirles. Dicen que si quieres odiar a alguien sólo tienes que conocerlo y cuanto más tarde me odien… mejor para todos. |
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