Taller literario gratuito

27etras, grupo literario

Paciencia...

Taller literario gratuito

27etras, grupo literario

Paciencia...

(Nuestro amigo Mejuto —apodo cariñoso con el que le veréis aparecer por estos pagos y en otros de su Galicia natal— no tenía ninguna foto suya a mano, yo sí…)

 

Decía Sartre que somos esclavos de nuestra propia libertad. Como he decidido libremente participar en este taller literario me siento como un esclavo obligado a escribir un mini currículum. ¿Qué decir, qué explicar, cómo justificar mi falta total de premios o publicaciones? Sencillo: alguien considera que no los merezco o soy tan vago que no me molesto en participar.

Como tampoco tengo nada que contar, me siento aún más empequeñecido al lado del resto de los compañeros. Lo que me lleva a darle más vueltas a la cabeza. ¿Qué hago aquí, qué sentido tiene esto (lo que hubiera disfrutado Kafka en mi situación regodeándose en su triste y gris existencia)?...

Esto puede parecer un poco deprimente y, como no, exagerado, pero no se asusten ni tomen opiniones apresuradas.

 

Nací en el otoño de 1966, dicen que era una mañana fría, exageradamente fría, por eso mi madre calculó los pros y los contras y mis tres hermanos nacieron en verano. Como mayor, responsable y más maduro de los cuatro, me encargaron la noble tarea de vigilar a mis hermanas en su adolescencia. Algo debí de hacer mal porque una de ellas quedó embarazada a los dieciséis años y la otra a los diecinueve. Mis padres comprendieron entonces que darme responsabilidades era más inútil que intentar hacer un muñeco de nieve en el infierno y me dejaron a mi libre albedrío.

He tenido la suerte de pisar los cuatro continentes y de conocer otros modos de vida, culturas y pareceres. Lo que me ha enseñado que esperar a la muerte es más llevadero después de haber masticado cualquier vicio incontable, siempre, claro está, que tu estómago mental pueda digerirlo.

Ahora sólo espero, no a la muerte, sino al próximo vicio que me ayude a sobrevivir en este taller sin sentirme avergonzado. En mi vida me han colocado tantos adjetivos, que intento recibir elogios e insultos con la misma frialdad que nos acompañó a mi madre y a mí en la lejana mañana de mi nacimiento.

 

    No me extiendo más. Dejo ya de aburrirles. Dicen que si quieres odiar a alguien sólo tienes que conocerlo y cuanto más tarde me odien… mejor para todos.