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En mi infancia fui cientos de personajes, en realidad casi todos los
protagonistas de las novelas que leía o las películas que veía. Por eso,
cuando tuve que elegir profesión, se me planteó un problema muy serio: yo era
incapaz de elegir una sola. Debatí conmigo mismo hasta la extenuación, bueno, no tanto (tengo que
controlar esta tendencia mía a la exageración), sólo hasta que dí con el razonamiento que zanjó la cuestión: si relatar
las historias es casi tanto como vivirlas, entonces un narrador casi vive
todas las historias que es capaz de contar. Decidí entonces que yo sería narrador de historias y que, para ello,
estudiaría una carrera que me enseñara a escribirlas. Pero una película,
"Amarcord", se cruzó en mi camino
precisamente cuando ya estaba matriculado en primer curso de Periodismo. Nueva decisión: sería director de cine. Y al año siguiente me cambié a
la especialidad de Imagen dentro de Me dieron los treinta y aún no había conseguido nada decente ni en
cine ni en televisión ni en teatro (que también probé). Y tampoco había
aprendido a escribir. Así pues, hice mi petate y me dispuse a vivir una única
vida pero, a ser posible, intensa. Me embarqué en una aventura empresarial
fallida, en trabajos al límite de mis capacidades (donde me curtí como
superviviente), en una segunda aventura empresarial más controlada; me casé
dos veces, tuve dos hijos. Una vida, en fin, bastante corriente, sólo animada
por la lectura (un aceptable sucedáneo) que nunca dejé de cultivar. Un buen día, quince años después de mi derrota, pensé: "las
oportunidades en el cine cuestan mucho dinero y no se le pueden dar a
cualquiera, pero escribir es una tarea solitaria que solo consume
tiempo." Así pues, aún sin saber escribir, me puse a elaborar una
novela. Y la terminé y la mandé al Premio Planeta. ¿Soy un soñador o no lo
soy? Y, por un azar que aún no me explico, la novela fue seleccionada como
una de las diez finalistas que, como hojas de margarita, irían siendo
descartadas (todas menos dos) en la magna fiesta que celebra cada año la
editorial en Barcelona. La novela está aún sin publicar, pero el hecho de que alguien de un
jurado literario la hubiese considerado como candidata a premio me animó a
seguir escribiendo. Y eso es lo que hago en los ratos libres. Eso y pasarme
por 27etras de vez en cuando. Otro dato: nací en 1.956, año en que también nacían la televisión en
España y Miguel Bosé. |
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