Sopranos, mezzos, génesis, peticiones y otros absurdos

Por Myriam Toker

Ismael, me alegra que ahora seamos dos los que declaramos, exigimos y peticionamos a las autoridades capitostélicas la elaboración de un texto genético, en detalle y con  adendo de certificado de paternidad y sello de la Asamblea General de Baños Públicos y Vacunas experimentales.

 ¿Y se puede saber cuál ha sido la petición de Pilar? ¿Era tan seria y formal como la nuestra? ¿Con esdrújulas?

 Estoy transformando algún material de estudio en MP3 para poder enviarlo, tomará su tiempo. Tal vez mucho, comprendan. Para comprender deben entrar en los secretos vericuetos del cotilleto lírico, que dicen: una soprano –como una modelo  o una rubia californiana-, no puede cambiar sola una bombilla eléctrica. Necesita de otras cuatro; dos para que, una vez introducida la bombilla en el agujero, le den vueltas a la silla en el sentido de la rosca. Otra para sostener la Coca-Diet, y la cuarta para estimularla, aseverando que ella podría haber llegado más arriba.

Como soy soprano dramática falcon, esto es, también mezzo ligera, me cabe lo que tristemente se dice de las mezzos, que si bien no son tan negadas de “las cosillas grises” que tanto ponderó Poirot como las sopranos, en cambio son sobrantes de visceral odio contra la humanidad, oscuras y afeadas por la envidia: pocos son los roles de mezzo, con excepción de los Rossinianos, que nos dejen bien con el público. “Carmen” aparte, nos quedan las malas, las brujas, las feas y las segundonas.

“Son brutta”, en la boca de la Maddalena de Rigoletto, sería la quintaescencia del perfil de la función mezzo soprano en general. Por tanto, ocupadas en el bilioso mugido contra el mundo, se nos distraen las luces y quedamos tan tontas como una soprano.

En defensa de las sopranos debo –sí, debo- decir que se comprende mejor el adormecimiento de la facultad mental gracias a un estudio del departamento de Fonoaudiología de la Universidad de Osaka (u Osaka University, como mejor la conocen los japoneses), en el que se demostró: que el sobreagudo merma sensiblemente la función del córtex, y que el picchetatto o picado (Reina de la noche, por ejemplo), destruye la cronaxia neuronal.

 A estas causas, fundamentadas tanto por la sabiduría popular como por los cartesianísimos japoneses, debo adjudicar que para mí tomar un CD y transformar el material en MP3 es tarea sólo posible si cuento con estímulo, comprensión y tiempo. También se me dificulta porque tiendo a escribir tonterías a mis seres queridos, amigos o cófores. Y porque conviví demasiado con Les Luthiers.

 Con todo… con toda…

 Myriam