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Hola,
N…, bienvenida: Ahora te hago una breve relación de cómo es
el laberinto del taller, creación arquitectónica de pura responsabilidad del
señor Luque, Javier Luque, a quien llamamos Jotajota porque respetamos que se
cree un espía de la resistencia francesa. Al fin y al cabo yo me creo una
escritora y aquí me aguantan. Con
la clave (esto es público y la clave
solo es para miembros… ya sabes) en mente te puedes ir a: http://www.27etras.es/ y
entonces eliges “La página web de 27etras”, la opción de la izquierda
–siempre puedes retozar primero con la opción de la derecha y de paso leer un
poco para conocer de quién es cada pluma, claro que en el grupo las hay de ganso o de pavo, de cisne
o de cotorra y hasta hay un soberbio que tiene una estilográfica de oro pero
a ese lo aguantamos porque escribe muy bien-, y una vez resignada a elegir la
opción de la izquierda, pulsas y aparecerán estas opciones: Al taller de escritura y sufrimiento (sólo miembros) A conocer a los escribanos A las fotos y otras nostalgias A cotillear en el taller de escritura A buscar otros sitios que nos gustan Al cofre de las lecturas y los pequeños
tesoros A los concursos literarios Allí
puedes acceder libremente a todas las amenidades, excepto a la primera de la
izquierda. Eso te dará tremenda curiosidad y, dependiendo de tu ascendente
astrológico y político, una bronca padre. De todas las opciones, la más
importante en general para todos nosotros, sedientos de ver qué escribieron
los demás, es esa bendita primera de la izquierda Al taller de escritura y sufrimiento (sólo miembros). Al
pulsarla, encontrarás la portezuela en la que insertar la famosa clave con
una opción de “click” que dice un sardónico “a ver
si es verdad”, invento del Profe que en sus ratos libres es clairvoyante -médium bah, pero a él le parece más
importante llamarse clairvoyante porque quiere ser
famoso como Alejandro Jodorovsky-. Una
vez puesta la clave, encontrarás, a su vez –si, es como que en la casa de
27etras hay muchas estancias-: Al calendario de martirios Todo lo escrito archivado con sus
comentarios Para bajarse lo que toca comentar Normas y otros fastidios Una dirección para cada cosa y un cajón
para las herramientas Premios y concursos literarios Como ya estás adentro de casa, verás que la
mayor parte de las galerías están polvorientas, de sus dueños tal vez
olvidadas y, aunque no se oye el arpa porque Gustavo Adolfo no es más amigo
de Pilar Dublé –si, eran amigos pero después de la pelea él se llevó el
instrumento, otro día te lo cuento, es que no te quiero distraer, además en
el grupo la tienen con que soy fisgona-, te aseguro que la creación aún
resuena entre nosotros. Por eso, no nos juzgues mal por la cochambre: es que
somos nada más que vagos y abusadores y negligentes, no hay verdadera razón
para alarmarse, ni nada francamente negativo en esta desidia que nos hace
dejar todo en manos de Jotajota -el espía, ¿recuerdas?- que pide ayuda y a mí
por lo menos me ha importado un pito catalán y otro argentino hasta este
momento que vi tu nombre y me llenó de recuerdos de una amiga…no, te lo
cuento en otro momento. Estábamos
en que luego de poner la clavecita se te abrían todas esas opciones, que
verás telarañas y que te preguntarás qué es lo correcto, pues bueno: métete
de cabeza en Para bajarse lo que toca
comentar, en la tercera columna (yo antes de entrar a este grupo decía
tercer columna, pero me hicieron un tratamiento de conducto con los números
ordinales y me les pusieron un sexo femenino a primer, segundo, tercer, para
que me hicieran juego con los sustantivos y esas tonterías que los lectores
ni se fijan pero el Profe sí). Allí
este mes encontrarás textos de Lila, Moisés, Daniel y Eduardo, que son gente
responsable, de bien, valiente, tienen muchos pero muchos adjetivos como
virtudes, pero jamás los usan en sus escritos de forma irresponsable, la verdad
que en ese sentido son buena gente. También
verás que siempre pensando en la comodidad y simplificación de medios para el
nuevo integrante, Jotajota y el Profe –el vidente- te dan tres opciones tres
para que leas un mismo texto, imagínate. Nadamos en lujos. Qué dengue, qué
fiebre porcina, qué crisis. Cuando
quieras mandar algo, te vas en cambio a la quinta columna u opción, Una dirección para cada cosa y un cajón
para las herramientas, que como verás tiene una inspiración tan
castrense, lo digo sólo porque me hace acordar a un dicho de mi madre cuyo apellido era
Castro, y con toda la carga transferida de miedo de no usar los patines
cuando mamá enceró, te encuentras con: Para enviar los comentarios Para enviar los textos libres y los de
los ejercicios Para comunicarse Materiales de consulta Allí
te encuentras con que para enviar un cuento te tienes que ir a: Para enviar los textos libres y los de los
ejercicios. En
ese momento dirás: “pero si la cosa es mandar los textos a
textos27etras@yahoo.es, porqué no lo dicen de entrada”, así, en rojo, pero
luego más tranquila –claro que todo esto me pasó a mí, no tiene porqué
pasarte a ti- verás que el aula es útil porque ahí te puedes bajar la
planilla haciendo click allí. Y la planilla te
evita unos apuros, que ni te cuento: tiene ya el formato de la fuente, los
márgenes, el primer párrafo (ves que ahora digo primer, no primera), todo en
una sola planillita que cuando yo entré no existía, así que pasé por todas
las estupideces iniciáticas por las que luego vi pasar a la pobre Lila que no
obstante sobrellevó sus comienzos con una dignidad de la que yo adolezco, y
de ese modo por lo menos entras con mejor aspecto y no tragando tus propios
mocos como hice yo. Otra
cosa aconsejable es que te pases por “Normas
y otros fastidios”, aunque hay normas que no están escritas. Una
por ejemplo es: no mandar lo que en Argentina llaman cadenas, mensajes
políticos –nada a favor de Solano Lima ni del Dalai Lama, menos aún a favor de Aznar que para algunos aquí es Aznarito, ni en contra tampoco y no mandar saludos a la
tía Chola- y ponerle los acentos a palabras como: mamá, cliché, y así. También
cuidarse mucho de no confundir oír con escuchar, y otro par más que me
olvidé… creo que era mirar y ver. Otras cosas que nos dan estornudos son los
emoticones de esos que se hacen con los puntos y comas y paréntesis porque
aquí hay gente mayor y esas obscenidades nos levantan la bilirrubina; otra
herejía son los archivos enviados directamente haciendo reply
(que algunos fundamentalistas llaman remandar o re-enviar), o los reply enviados directamente con una cola de comentarios
atrás –en general sólo mandamos el mensaje sin la cola de comentarios, has
visto que la cola gorda tipo La
fecha menstrual de los envíos la deja saber Jotajota, que como un ovario sano
te hará llegar un mensaje con la puntualidad de la natural metáfora aludida;
de paso te digo que es un tipo lacónico. Tal vez diga: “Ya pueden mandar los
textos”. Otra
cosa: aquí las comillas que yo usé durante todo este texto están más
prohibidas que el cigarrillo en Norteamérica, así que hay que usar las que
dicen ellos (yo cuando coincido en algo digo nosotros y cuando no, digo
ellos), que las llaman de algún modo especial, para mí que soy mina de pocos
estudios es así: esta «, y esta ». También
cuando tienes que abrir un diálogo, digamos: —¡Qué
pesada esta persona que me da la bienvenida! —dijo N… Tienes
que usar el guión largo, y para todo lo demás mejor que te fijes bien en esas
normas, que la normativa nos hace hermanos (¿era así no?). Finalmente
y como reflexión te digo que todo el que entra sale mejor, y que aquí se han
reformado plagiarios, adictos a Julia Prilutzky Farny, y disléxicos. El
primer texto del Profe fue: “En
un lugar de la cancha, de cuyo nombre no puedo acordarme…” y se
le hizo notar inmediatamente su clara similaridad
con el famoso texto de Quevedo “Soneto a la muerte de Antoñito el Camborio” y terminó ganando premios que vamos. Otra
que denunció una mejoría y una reinserción a la sociedad que creía perdida es
la que conocerás con el alias de Senta, cuyo primer
cuento hiperbreve decía: “La verdá de que no sé lo qué escribir”. y se
le hizo notar todo, pero todo. Y no te imaginas lo bien que le va ahora.
Luego te cuento la historia de Daniel di Leo. ¿Yo? Estoy de licencia médica.
Escribo fatal, pero por lo menos no plagio tan mal como el Profe. Te
tengo que dejar, N…, no tengo tiempo de charlar tanto, mira que eres
habladora. Un
beso, Myriam |