|
|
|
|
|
|
|
|
Nuestras Lecturas |
Otros tesoros |
||||
|
Diseño: 27etras, grupo literario |
||||
|
Cofre de las lecturas y los pequeños
tesoros |
|
|
|
|
|
En el
discurso
que pronunció Jorge Edwards al recibir el Premio Cervantes
en 1999 decía: "Hice muchas cosas, pero siempre la tarea principal, de
noche, de madrugada, en espacios de tiempo robado, al margen de documentos
oficiales, fue la de escribir ficciones, o la de introducir en la
multiplicidad de los sucesos, en el enigma del pasado, en los recovecos de la
memoria, una coherencia, una estructura narrativa que siempre, en definitiva,
era imaginaci6n, arte de la palabra." Ese “enigma del pasado” al que se
refería Edwards en su discurso es el que planea sobre toda la novela que nos
ocupa. Desentrañarlo, supuestamente, proporcionará las claves para entender
la historia y las huellas que ésta deja en la conciencia de los pueblos. El
sueño de la historia
(Barcelona, Tusquets Editores, 2000) se desarrolla en dos planos, dos épocas
diferenciadas entre las que el autor construye un entramado de espejos, que
funcionan como vasos comunicantes del tiempo. El protagonista, Ignacio o el
Narrador, regresa a Chile en los últimos años de la dictadura, tras un largo
exilio. Rodeado de una sociedad en la que conviven “lo peor de la izquierda,
con su sectarismo, su lloriqueo, sus ojos iluminados, su vocación de
martirio, y lo peor de la derecha, con su crueldad, su insensibilidad, su
ceguera, su integrismo”, permanece ajeno a los acontecimientos y se refugia
en el estudio de los documentos que narran la relación atípica y perversa que
mantienen en el Santiago de finales del siglo XVIII el arquitecto italiano
Joaquín Toesca, encargado de la construcción de la Casa de la Moneda, y su
descocada esposa Manuela Fernández, que saltaba tapias y escapaba de los
conventos donde su celoso marido la mantenía encerrada para reunirse con sus
“amasios”, sus amantes. Los paralelismos que
Edwards establece entre ambas narraciones y sus protagonistas son explícitos.
Así, los dos momentos históricos elegidos acontecen en el final de una época,
el de la Colonia y el de la dictadura, respectivamente. La Casa de la Moneda,
cuyos primeros cimientos levanta el arquitecto Toesca, constituye
precisamente el dramático escenario donde se alza el telón, casi dos siglos
más tarde, de la dictadura de Pinochet. Tanto el italiano del pasado como el
exiliado que regresa en el presente se mueven en Santiago como en una ciudad
extraña. A ambos les gana una sensación de ajenidad que los convierte en
silenciosos testigos de los acontecimientos, a ambos les domina la
indecisión, la falta de voluntad, lo cual les provoca una persistente mala
conciencia, alegoría quizá del estado de ánimo de la sociedad chilena durante
la dictadura, que, a pesar de desaprobar el régimen, con su pasividad lo
aceptaba tácitamente. El paralelismo se deja ver igualmente en la indefensión
que sufren personajes secundarios —Manuela en el pasado, el hijo de Ignacio
en el presente— bajo la arbitrariedad de la autoridad, que en ambas épocas se
sirve de la represión para eliminar las conductas consideradas perjudiciales,
subversivas o meramente sospechosas. La novela intercala ambas
narraciones sin un patrón definido; se rompe así la linealidad del texto, y esa
superposición de planos colabora a instalar en el lector la idea última sobre
la que el texto invita a reflexionar: cuál ha de ser el papel de la historia.
¿Cometen las sociedades, una y otra vez, los mismos errores, acaso movidas
por las mismas pasiones? ¿Puede la historia, al rememorar el pasado,
contribuir a evitar el fracaso de los tiempos futuros? |
||
|
Diseño:
27etras, grupo literario |
||
|
El sueño de la historia, Jorge Edwards |
||
|
Tres jóvenes ingresan, a
comienzos de los años veinte, en El autor se mueve
constantemente en ese territorio ambiguo en el no está clara la frontera
entre la realidad y la ficción; una realidad, en cualquier caso,
distorsionada y una ficción disparatada. Y el lector, al interpretar lo que
lee, debe en todo momento recordar el llamativo título de la obra, cuyo
sentido se nos aclara en la cita de Pedro de Rúa con que se abre la novela: Hubo
también otro género de escritores que aunque publicaron sus obras con título
de Historias, pero puédense llamar Fabulosas narraciones más que historias; y
ellos, fabuladores o poetas, no historiadores, porque entienden en complacer
a los oídos con graciosas maneras de decir y con nuevos o inopinados casos
más que con verdaderos hechos. A partir de aquí contamos con todas las
armas para zambullirnos en el delicioso juego de cajas chinas con que el
autor construye la novela, cuyo último componente se nos desvela al final.
Antonio Orejudo se disfraza de genial fabulador y nos cuenta una versión
iconoclasta, llena de ironía e humor, de aquellos años. En lugar de ensalzar
directamente todo lo que tuvo síntomas de vida en el siglo de la barbarie,
el autor juega a deconstruir la realidad: desmitifica, da la vuelta a la
historia, la despoja de su leyenda y nos obliga, de esta forma, a devolverle
su genuino valor. Nos pasamos toda
la vida tomando las narraciones fabulosas por historias y cuando por fin
conseguimos entrever la historia verdadera, ésta nos suena tan fantasiosa que
no nos la creemos, afirma uno de los personajes, poniéndonos con ello
sobre la pista de los distintos niveles de lectura que ofrece Diez años después de que Antonio Orejudo publicara Fabulosas narraciones por historias,
y ganara con ella el XX Premio Tigre Juan de novela, |
||
|
Diseño:
27etras, grupo literario |
||
|
Fabulosas narraciones por historias, Antonio
Orejudo |
||
|
«Nunca
inventamos más que lo verdadero», dice la cita de Balzac con la que se abre
la novela de La novela no posee una
voz narrativa propiamente dicha, sino que presenta multitud de voces, de
personajes, en permanente cruce novelesco, a los que nos es dado contemplar
desde diferentes perspectivas. Tampoco existe una trama al uso tradicional,
sino varios hilos narrativos que aparecen y se interrumpen, para reaparecer,
tras un salto temporal, bajo la luz que arroja un nuevo relato epistolar, una
nueva proyección de la misma realidad, pero bajo la mirada de otro personaje,
lo que ayudará al lector a colmar huecos en esa tarea de reconstrucción de la
historia. El lector atento
reconocerá un esquema en la presentación de los personajes, pues es constante
en todos ellos la presencia de alguna rama del arte como motor de sus
destinos: el teatro, la poesía (lo que proporciona al autor la posibilidad de
introducir extensamente versos de los poetas del 27 en la correspondencia de
los personajes), el cine (tras lo cual se asoma la cinefilia del propio
Molina Foix, que llega a aparecer citado en la novela) o la pintura (que
posibilita uno de los momentos culminantes de la novela: ese diálogo que
mantiene con Velázquez uno de los protagonistas). Al transcurrir los años,
y sucederse los personajes, asistimos al relevo generacional, que el autor
retrata con un admirable cambio de registro léxico en las voces que, desde las
cartas, se hablan. En ocasiones, un motivo narrativo será lo que sirva de
instrumento para poner de relieve dicho cambio: el mismo globo terráqueo se
usará como escondite para joyas familiares durante la guerra, para documentos
clandestinos durante La forma –el intercambio
epistolar- de que se vale la novela para contar su historia condiciona en
ocasiones el contenido, por cuanto que, para procurarnos retazos de
información necesaria, el autor se ve obligado a incrustar en sus cartas
alusiones al pasado que resultan poco naturales en el intercambio espontáneo
de dos personas que, en la vida real, darían cosas por sabidas, sin necesidad
de repetirlas para los oídos del lector. Esa falta de credibilidad que aflora
puntualmente se ve sin embargo compensada con el llamativo uso de recursos
tipográficos: palabras tachadas por la censura franquista, anotaciones
manuscritas al margen, tipos propios de máquina de escribir antigua etc. Los personajes que
desfilan por el libro componen un mosaico en el que la vida se manifiesta en
todas sus circunstancias: en el dolor, en el abandono, en la persecución,
en el reconocimiento y el triunfo. Y es en esa vocación de globalidad, de
exposición de la universalidad a partir de los destinos particulares de un
puñado de personajes, donde radica el mayor valor de esta novela, galardonada
con el Premio Salambó 2006 y el Premio Nacional de Narrativa 2007. El abrecartas, |
||
|
Diseño:
27etras, grupo literario |
||
|
El abrecartas, |
||
|
Irène Némirovsky
es una autora de origen ucraniano que, tras Por
las notas que dejó ella misma, hoy sabemos que Irène Némirovsky concibió Suite francesa
en cinco partes, de las que solo llegó a tiempo de escribir dos. En la
primera se nos muestra la huida precipitada de París de miles de familias,
aterrorizadas por los ecos de las bombas alemanas a las puertas de Al
terminar de leer las dos partes de la novela, uno no puede evitar cierto
alivio al constatar que no todo quedó tal como lo dejó Irène Némirovsky, que
lo que para ella aún era humillación y derrota se convirtió en un agitar
triunfal de banderines tricolores un hermoso día de agosto en que por fin
todas las mujeres vestían de azul. Por el contrario, el apéndice con la
correspondencia angustiada de Michel Epstein, el marido de la autora, se
interrumpe con un silencio cuyo desenlace conocemos. Y para sacudirnos la
congoja ni siquiera nos salva el recurso, al cerrar el libro, de pensar que,
al fin y al cabo, es todo ficción. Elena,
Senta |
||
|
Diseño:
27etras, grupo literario |
||
|
Suite francesa, Irène Némirovsky |
||
|
Durante muchos años cometí el
error de pasar de largo ante esta novela, Posesión, de
A.S.Byatt.
Las razones: una publicidad que demasiado machaconamente se empeñaba en
recordarme su condición de ganadora del Premio Booker (1990) y un título que
irremediablemente me llevaba a mujeres endemoniadas o a psicópatas enajenados
por la obsesión sexual. Ni
lo uno ni lo otro, al menos no de una forma tan burda. A.S Byatt es una
escritora mucho más sutil y hace que ambos temas, la pasión obsesionante y el
mundo de los muertos, aparezcan, pero puestos al servicio de un argumento que
engancha y de una manera de contar en la que reside gran parte del valor de
esta novela, por su originalidad. Dos
jóvenes investigadores literarios emprenden la búsqueda de documentos
inéditos sobre la relación de un poeta victoriano y su amante epistolar. Al
hacerlo, se topan con unos amores insólitos para la época que corría y, al
mismo tiempo, el ansia por conocer el final de aquella historia se va
convirtiendo poco a poco en una obsesión que, cómo no, afectará a sus propias
vidas. La
manera de contar esta historia, que parece simple, es un elegante tributo a
la poesía victoriana, que la autora hace revivir contraponiéndola a la novela
de acción, por la que se mueve a ratos el ritmo narrativo. Documentos
(diarios, cartas) que nosotros leemos junto con los investigadores se
alternan con episodios del pasado, mediante los que, desde nuestra cómoda
posición de lectores, logramos atisbar esos recovecos de lo que ya fue,
que los protagonistas se desesperan por desentrañar mediante los poquitos
recursos de que disponen. Al hacerlo -y
aquí reside, a mi modo de ver, uno de los más valiosos posos que deja la
novela-,
la autora nos muestra la fragilidad del pasado, la imposibilidad de resucitar
acontecimientos enterrados, lo atrozmente estrecho que es ese margen que el individuo
le roba a la eternidad. A.S.
Byatt explora, además, en Posesión otros temas: el misticismo del amor
surgido de la afinidad intelectual, el papel de la casualidad en el destino o
el ansia de dejar constancia, de dejar un legado a la posteridad que
sancione nuestro paso por el mundo. Para muchos, en definitiva, la razón
última de la necesidad de escribir. Un
dato sobre la autora que, según el lector, será rasgo de honor o de infamia:
A.S. Byatt es la única mujer que forma parte de la nobleza del Reino de
Redonda. Elena,
Senta |
||
|
Diseño:
27etras, grupo literario |
||
|
Posesión, A.S.Byatt |
||
|
Termino ahora mismo de leer Los libros cambian el
destino de las personas. Unos leyeron El tigre de Malasia y se
convirtieron en profesores de literatura en remotas universidades. Siddhartha
llevó al hinduismo a decenas de miles de jóvenes, Hemingway los convirtió
en deportistas, Dumas trastornó la vida de miles de mujeres y no pocas fueron
salvadas del suicidio por manuales de cocina. Bluma fue su víctima. Pero no Cada vez que mi abuela me
veía leer en la cama, solía decirme: “Dejá eso, que los libros son
peligrosos”. Durante años creí en su ignorancia pero el tiempo demostró la
sensatez de mi abuela alemana.» |
||
|
Diseño:
27etras, grupo literario |
||
|
|
||
|
La voz dormida, de Dulce Chacón, es una novela, ¿una
más?, sobre la (pos)guerra. Esencialmente
sobre las mujeres rojas condenadas y
encerradas en la cárcel madrileña de Las Ventas. O sea, no sé si eso tiene
una significación literaria, una novela sobre mujeres escrita por una mujer. Y
cada mujer lleva a cuestas su propia historia en la que van surgiendo las
obligadas referencias: Paracuellos, la espera de los barcos en Alicante,
Guadalajara o Teruel, los maquis, las rivalidades socialo-comunistas... como
telón de fondo más o menos presente, más bien menos. A ratos instructiva por su valor documental
(hay que reconocerle ese mérito) a ratos conmovedora, quiero decir los
personajes, las situaciones, a veces medio aburrida y a veces un poco
embrollada con tanto personaje. Es decir que no mantiene una tensión o un
nivel narrativo durante las más de 350 páginas. Lo
mejor en mi opinión los personajes femeninos y la historia dentro de La
guerra o la imposibilidad del amor. Son mujeres que luchan para recuperar la
libertad y el amor porque no conciben la una sin el otro. La dignidad no.
Porque la dignidad no la pierden nunca ni aún en las circunstancias más
terribles. Un
ritmo muy lento en la narración y en los diálogos como para reflejar la
fatiga y el desaliento de los personajes. Diálogos cortos y descripciones
repetitivas: cosas como estas: Elvirita le dice que se ha puesto
mala: —Me he puesto mala. Y
en trascurso de la misma escena, del mismo relato la utilización sucesiva del
pasado del presente narrativo y del
futuro... éste último como si los personajes estuvieran cumpliendo su
destino, andando el camino que la vida les ha señalado y del que no podrán
salir. Una especie de viacrucis obligado Novela
maniquea, claro. Las rojatas son
personajes llenos de humanidad y generosidad, combativas, y admirables. Las
celadoras, las monjas y los obispos y los falangistas son de una maldad y de
una crueldad inconmensurables. No
lo digo como una crítica. Siempre ha sido así ¿no? La literatura siempre ha
creado héroes, aunque esta vez los héroes sean los perdedores. Y el lector
necesita conmoverse, identificarse, indignarse... AMOR
Y NO GUERRA (IREA ¿NO HABRÍA UN EMOTICOITOIDEO PARA EL PUÑO EN ALTO?) Eduardo |
||
|
Diseño:
27etras, grupo literario |
||
|
La voz dormida, Dulce Chacón |
||
|
El último libro que he leído ha
sido Seda, de Alessandro Baricco. Es un libro corto, y
lo Corre
el año 1861, una epidemia está matando todos los huevos de los gusanos de
seda europeos, africanos y parte de los asiáticos. En un pueblo Europeo que
acaba de descubrir los beneficios de tal empresa, sus habitantes se ven con
el agua al cuello si no le buscan remedio. Entonces, un hombre se marcha a
Japón a comprar una partida. En la isla, aislada, infranqueable a los
extranjeros (ténganse en cuenta que todavía no había llegado Ton Croise a
unirse a los samuráis en su lucha), las larvas están limpias de virus y por
lo tanto son muy codiciadas. El libro básicamente cuenta la vida de un ese
hombre que debe viajar a ese país extraño y en el cual conoce a una joven. En
realidad no la conoce, no habla con ella ni tampoco la llega a mirar del
todo, simplemente la observa de soslayo un segundo. Pero, claro, en el amor
un segundo es una eternidad. Realiza varios viajes más durante su vida y cada
vez le pasan cosas más extrañas y cada vez se enamora más de esa esquiva
mujer. Mientras su esposa espera su regreso. Al final no puede volver a la isla
(es en ese momento cuando llega Ton Croise y se forman las revueltas, el país
está en guerra) y vive una lenta y monótona vida. Y cuando cree que la
ilusión se había muerto recibe una carta escrita en japonés y del Japón, ¡ni
más ni menos! Vuelve a ser feliz con el hecho de pensar lo que pudo haber
sido. Y entonces pasan algunas cosas que no se pueden contar para no
estropear nada. Lo pueden leer con tranquilidad. Parece repetitivo, en
algunos momentos da la sensación de estar leyendo dos veces lo mismo pero no
es así. Al estar escrito de esa forma te da realmente la sensación de lo
monótona que es la vida de este hombre y que el simple amor platónico con una
fantasma le da otro sentido a su vida. Libro
recomendado para gente sensible que ve la belleza que hay en un pétalo y para
los que no lo vean, para que empiecen. Mejuto |
||
|
Diseño:
27etras, grupo literario |
||
|
Seda, Alessandro Baricco |
||